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Cuando la LIJ y el feminismo se encontraron por primera vez

Cuando la LIJ y el feminismo se encontraron por primera vez

A veces, una sociedad que no piensa necesita una buena sacudida por parte de los movimientos sociales, y en los años 70 las editoriales de libros para niños sufrieron varias. Una de las primeras y quizá inesperadas vino, precisamente, del movimiento feminista en Estados Unidos, y es que durante la segunda mitad del siglo XX, la literatura infantil y el movimiento feminista avanzaron juntos.

¿Qué problemática de los libros infantiles y juveniles puso sobre la mesa el feminismo?

Al mismo tiempo que la segunda ola de teoría feminista se hizo popular, la crítica de literatura infantil en el ámbito académico cobraba relevancia:

  • A principios de la década, las críticas feministas como Kate Millett explicaron que la buena escritura se basaba en la creencia de que ser un hombre blanco "era lo normal" y que cualquier otro personaje era, simplemente, una desviación de lo normal construida por oposición o diferenciación al hombre, y así lo reflejaban los libros para las primeras edades.
  • Comenzaron a cuestionarse los roles de género en todos los cuentos de hadas clásicos, como los de Grimm, Andersen y Perrault, (esto es un TEMAZO del que os prometo que vamos a hablar más adelante largo y tendido).
  • Se puso el foco en que las "heroínas" de la época en realidad tenían exactamente las mismas construcciones y tramas que los héroes masculinos: y es que eran simplemente personajes escritos como masculinos pero descritos como femeninos.

Todos los estudios sobre LIJ coincidieron en aquel momento en que las mujeres estaban drásticamente infrarrepresentadas, y no solo eso: cuando sí lo estaban era fácil comprobar que eran menos activas y tenían aventuras con menos frecuencia que sus compañeros masculino.

¡Exactamente lo mismo que concluirían los estudios realizado 50 años después!

El tema de la educación, y en relación con él, el de la literatura y el trabajo con textos, comenzó a incorporarse en la agenda feminista en los años 70. Es en ese momento, cuando autoras norteamericanas Weitzman, Eifler, Hokada y Ross (1972) empezaron a investigar sobre los estereotipos de género en los álbumes ilustrados para los niños y niñas en edad preescolar pues “consideraban que estos tenían un papel importante en la socialización temprana de roles de género al ser vehículos para la presentación y conservación de los valores sociales y culturales”.

Las propuestas

En 1974 la editorial McGraw-Hill de Nueva York sacó unas pautas para sus editores para conseguir el "tratamiento igualitario de los sexos" en todas las publicaciones de la editorial que no fueran de ficción:

Los hombres y las mujeres deben ser tratados fundamentalmente como personas, y no como miembros de sexos opuestos. Se debe hacer hincapié en su humanidad compartida y en sus atributos comunes, y no en sus diferencias de género. Ninguno de los dos sexos debe ser estereotipado ni se le debe asignar arbitrariamente un papel principal o secundario.

Las pautas eran sencillas pero causaron sensación; aunque se habían creado en una editorial especializada en libros de texto, hicieron que las editoriales infantiles anglosajonas fueran aún más estrictas con los libros que ya estaban bajo la
inspección de un cuestionario que había puesto en circulación la UK Children's Rights Workshop, que preguntaba: "¿En cuántos de los libros que se editan la protagonista es una niña?". Muy pocos, había que reconocerlo.

Hubo mucha gente que se quejó y se ofendió, pero la verdad es que nadie se había dado cuenta de que el verdadero problema era que la ficción se había quedado atrás al reflejar la vida como la conocían muchos niños y niñas. Por ejemplo, en la década de los 70 el número de familias con madres trabajadoras (es decir, que trabajaban de manera remunerada fuera de casa) aumentó en un tercio y este cambio no se reflejó en absoluto en los libros infantiles. Si te fijabas en los álbumes ilustrados, encontrabas madres en la cocina o tirando de un carrito mientras que la persona que conducía el coche y trabaja fuera del hogar todavía era siempre el padre.

Los avances

Desde los años 70 han surgido diversas iniciativas editoriales explícitamente tendentes a desterrar los estereotipos de feminidad y masculinidad que se transmiten en la LIJ. Uno de mis preferidos, en este caso de este lado del Atlántico, es la colección de cuentos "A favor de las niñas" creada por Adela Turin y publicada originalmente en España por Lumen, de la mano de Esther Tusquets y de la que actualmente están disponibles cuatro títulos en Kalandraka.

Al mismo tiempo, cada vez se empezaron a encontrar en los libros dirigidos a niños y jóvenes más personajes femeninos que revestidos de cualidades como la valentía o la astucia, hasta ahora reservadas a los personajes masculinos. Así mismo, cada vez hay más personajes femeninos protagonistas de obras que no van dirigidas a un público solo de niñas. En este sentido sí que se observa que se ha avanzado en el camino hacia la liberación de la imposición a través de la LIJ de modelos estereotipados que marcaban a las niñas el camino a seguir para integrarse en la sociedad y les asignaban un papel secundario.

Estos dos puntos, el de las colecciones o publicaciones con el uso de la perspectiva de género como principal característica diferenciadora, y el de la evolución de los personajes de sexo femenino, siguen siendo dos de las principales vías de trabajo en el ámbito editorial para ofrecer al público infantil y juvenil propuestas literarias más igualitarias.

Está claro que llevar cinco décadas haciendo lo mismo no es suficiente para esperar obtener con ello resultados diferentes, así que a como prescriptores o mediadores a estas propuestas habrá que sumarles nuevas estrategias.


Trabajo en comunicación y marketing, pero soy especialista en animación a la lectura y en aplicación de la perspectiva de género en las Industrias culturales. Además, estoy aprendiendo a ser la madre de M.